Smart cities: seguridad y mucho más

Smart City no significa sólo adoptar las últimas tecnologías, sino utilizarlas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Imagen: Pixabay - Tumisu

Los sistemas en red pueden ayudar a las ciudades a afrontar los retos que van más allá de la seguridad pública.

La seguridad física es frecuentemente el primer paso hacia la Smart City, la ciudad que opera en red para el bienestar de los habitantes. Dotada de cámaras, sistemas de protección vídeo y/o de control de accesos, la ciudad aprovecha la tecnología para garantizar la seguridad pública. Pero saben que, gracias a su capacidad análitica, la seguridad física puede responder a una gama mucho más amplia de escenarios urbanos, como la gestión del tráfico y de los aparcamientos? Además que, si es bastante flexible y abierto, el sistema en el que se basa puede soportar otros tipos de sensores y abrirse a aplicaciones como la calidad del aire o el nivel de ruido?

La tecnología al servicio de la calidad de vida

Si las ciudades deciden equiparse para entrar en el mundo de las Smart City, es con un objetivo preciso: mejorar la calidad de vida y la apariencia de su territorio en dirección a las empresas y ciudadanos. La seguridad es frecuentemente uno de los primeros recursos para mejorar, porque una ciudad en la cual las personas se sienten seguras es una ciudad en la cual se vive mejor.

Por lo tanto, gracias a las redes de cámaras, las ciudades entran en el mundo del IoT, reforzando la seguridad y tranquilizando a los habitantes. Pero hoy en día las necesidades han evolucionado y las ciudades deben facilitar la vida y reducir el estrés también por lo que respecta al transporte y contaminación.

Entonces Smart City no significa sólo adoptar los últimos gadgets high-tech, convertir los objetos inteligentes o dotar a la ciudad de sensores de cada tipo. Significa utilizar la innovación tecnológica para satisfacer una necesidad real: mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Más allá de la tecnología, la inteligencia

Contra las fuentes de estrés para los ciudadanos hay grandes márgenes de mejoramiento, gracias a la extensa gama de soluciones propuestas, debido a los progresos tecnológicos y a la voluntad innovadora del sector. Cada problema tiene su sensor, por cada sensor existen datos, por cada dato hay una respuesta.

La actual ciudad inteligente está dotada de miles de sensores, cada uno dedicado a un aspecto de la calidad de vida. Sin embargo el aumento de estas tecnologías frecuentemente impone a la ciudad de multiplicar los sistemas que utiliza. Esto se traduce en procesos “a silos”, donde cada parte de dato es analizado separadamente.

No obstante, no basta que la ciudad esté conectada para que se vuelva inteligente. Los datos no deben solo ser recogidos y analizados, van también puestos en correlación entre ellos. Solo entonces saldrá el valor verdadero de una Smart City. Las tecnologías deben ser integradas, o incluso unificadas al interno de un sistema único federado, capaz de dar un sentido a todos juntos y no a cada uno separadamente.

Un sistema para controlar todo

Hay muchos actores en grado de responder a necesidades específicas como aparcamientos, calidad del aire, construcción, agua, iluminación pública, deshechos, etc. Pero cuando se trata de integrar todos estos sistemas para obtener visibilidad e importancia (problema que antes o después surge en todas las ciudades) pocos son capaces de llegar más allá de la solución más simple.

Es aquí donde entran en juego los sistemas de seguridad física de arquitectura abierta. Desarrollados para cubrir y mapear la ciudad entera y soportar una vasta gama de tecnología de terceras partes, son ideales como sistema central, en grado de recuperar, analizar y relacionar los datos de todos los tipos de sensores de la ciudad.

Para la gestión del tráfico, por ejemplo, es interesante integrar sensores de tráfico a cámaras de video vigilancia y análisis de vídeo. Esto puede ayudar a identificar las causas de una ralentización, o llamar a los primeros auxilios si es necesario. Integrando la gestión de la señalización de caminos también es posible advertir a los automovilistas de un incidente en tiempo casi real, además de indicar posibles rutas alternas.

Para la calidad de vida, es posible integrar sensores para la presencia de partículas contaminantes o explosivas en el aire y determinar límites máximos que, se alcancen o superen, harán activar eventos específicos para garantizar la seguridad física, como la transmisión de alarmas de contaminación. Eventuales interfonos colocados en la ciudad pueden ser utilizados también para medir los niveles de ruido, tomar decisiones inmediatas o integrar una planificación urbana más amplia.

La gestión energética de los edificios es otro aspecto de la Smart City que se puede beneficiar de los datos de la seguridad física. La iluminación, por ejemplo, puede ser mejorada conectándola al control de accesos o a la gestión de vídeo, con la finalidad de identificar los edificios en los cuales las luces permanecen encendidas no obstante la ausencia de dependientes o visitantes.

Los ejemplos son bastantes, pero el punto es que los beneficios de los sensores Smart City se multiplicarán si sus datos serán usados juntos, no de manera aislada. Además, los sistemas de seguridad física basados en arquitecturas abiertas son los mejores para alcanzar este objetivo.

Jesus Lacosta
Regional Sales Manager para España, Genetec Inc.

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